14 dic 2020

PintoresxPintores

En el marco de la pandemia, los pintores Graciela Genovés y Eduardo Faradje han tenido la iniciativa de hacer entrevistas a colegas vía zoom denominadas PintoresxPintores.

Éste es el resultado de mi participación el viernes 16 de octubre de 2020.


Parte 1

Parte 2

Parte 3









7 oct 2020

El Pincel

 


El pincel vendría a ser como un cepillo, pero más suavecito, sobre todo cuando es nuevo, después, cuando uno lo empieza a usar pierde esa suavidad, se pone más áspero y ahí sí se parece más a un cepillo, aunque no siempre. El pincel es un instrumento que en general se utiliza mucho cuando uno es pintor, hay pinceles para pintar paredes y pinceles para pintar cuadros, básicamente la diferencia entre unos y otros es que los pinceles para cuadros son más chiquitos y al mismo tiempo muchísimo más caros, vaya uno a saber por qué, pero es así. 

Para los artistas pintores los pinceles vendrían a ser algo así como la infantería, los que van al frente de batalla, y en consecuencia son también los que salen lastimados. Se utilizan básicamente para aplicar la pintura sobre una tela que después va a ser el cuadro, y aunque podría pensarse que en ese simple acto no debería haber heridos, les aseguro que los hay y con frecuencia. 

Hay pinceles de muchos tamaños y formas, chatos, redondos, en diagonal, con cabo corto para pintar de cerca o con cabo largo para poner distancia entre el cuadro y uno, que a veces es lo mejor (para el cuadro); hay unos pinceles que se llaman lengua de gato, aunque no lamen, para eso existen otros que son como un abanico, pero que tampoco abanican, en fin, cosas de la vida; los más lindos se hacen con pelo de Marta, que obviamente son muy caros y suaves; también se hacen con pelo de Poni, con cerdas de todo tipo y hasta con pelo sintético. 

Una vez alguien que me estaba vendiendo pinceles, me mostró unos muy caros y me dijo que esos pinceles pintaban muy bien, y me dejó pensando. 

Lógicamente con el uso se van gastando, pero también es como si se fueran acomodando a uno, o se gastan con uno, es como si te acompañaran, el pincel no es como el lápiz que se va haciendo cada vez más chiquito hasta que lo tirás, no, gastados y todo siguen adelante, incluso en muchos casos con mayor espíritu; hay que verlos, algunos vendados con cinta, o con el mango medio roto o fracturado, otros con grampas y hasta con clavos para que no se desarmen y sigan dando batalla; se llenan de cicatrices y ahí sí, es cuando mejor pintan, un pincel no se entrega fácilmente, les aseguro. 

A veces me sucede que por torpeza o distracción, se me cae un pincel de la mano, es un instante en el que por lo general me quedo tieso, mirando al pincel ahí en el piso, como si fuera una pequeña muestra de algo que algún día indefectiblemente va a pasar, una suerte de adelanto del fin. Pero me levanto, siempre me levanto. 

 

F. O’C

Septiembre de 2020


14 feb 2020

Pulsión




En total deben haber sido no menos de veinte días completos, sumando el Metropolitan de NY, el Moma, la National Gallery of Ireland, la National Gallery de Londres, la Tate y la Modern Britain, la National Portrait Gallery, una muestra antológica de todos los autorretratos de Lucian Freud en la Royal Academy of Arts de Londres y una muestra monumental también de Freud en el Irish Museum of Modern Art; por último, el estudio de Francis Bacon y varias de sus obras en la Hugh Lane City Gallery de Dublin, creo que no se me escapa nada, pero entre finales de Octubre y buena parte de Noviembre últimos, en apenas veinte días, vi tanta pintura que por momentos sentí que en mi cabeza ya no entraba un Rembrandt más. Desbordado de Velázquez, Picasso, Caravaggio, Matisse, Vermeer, Rafael, Van Gogh, Bacon y Degas, me volví a la Argentina, casi como quien vuelve a su rincón.
Tras recorrer más de 600 años de pintura en tan pocos días, es inevitable advertir la manifiesta cercanía que hay entre los antiguos maestros y los modernos, por momentos Paolo Uccello resulta más moderno que Matisse, es imposible no ver cómo la línea de Botticelli dialoga con la de Modigliani, las proporciones en muchas de las paletas de los más finos coloristas modernos vienen directo de Rafael y así una infinidad de parangones que parecen desafiar al tiempo y la linealidad de la historia. Cuál ha sido el progreso en la pintura sino explorar una y otra vez los mismos caminos de distintas maneras? Caminos que se entrelazan en el tiempo y arriban a zonas distintas cada vez. Queda la sensación (o la certeza) de que la pintura es un laberinto que no puede hacer otra cosa más que expandirse.
No fue fácil volver al taller, me llevó semanas asimilar el impacto de lo visto y reconciliarme con lo mío, hasta que rescaté de la memoria algo que intuí a poco de estar frente a tantos maestros, algo que fui constatando de un museo en otro, de una galería en otra, en cada sala y cuadro tras cuadro: los artistas que ocupan semejante lugar, no sólo en los museos sino en la historia misma, no construyeron su obra a partir de un mayor o menor talento, sino a partir de una determinación extrema.
Van Gogh -que tenía un extraordinario dibujo- siempre supo que no gozaba de la fineza del dibujo de Degas, o de la destreza de Toulouse Lautrec, pero era su dibujo, la herramienta con la que contaba, y fue suficiente; su determinación hizo el resto, la determinación del acto, de la acción que ocupa el vacío que deja la palabra, enfrentar el asunto con lo que está disponible, con lo puesto. Si algo une a Van Gogh con Rembrandt es exactamente eso: la capacidad de entregarse a la pintura casi como una fatalidad. Frente al retrato de Margaretha de Geer de Rembrandt no se puede sino sentir que es imposible empujar a la pintura más allá, el eje de la figura está ligeramente desplazado del eje del sillón que la sostiene, y ese mínimo desplazamiento genera una contundencia en el espacio que pareciera como si Rembrandt hubiera luchado literalmente cuerpo a cuerpo con la materia para que el espacio se abra paso y la presencia de la figura, en cada brochazo que se hunde en el volumen, en cada tono, en cada espesura, le provoque al espectador la certeza de estar de más. Aquí hasta el mismísimo Cézanne debe haber advertido sus propios límites, nadie sale ileso de esta pintura.
Para la mayoría de estos artistas, la pintura no ocupa un lugar en sus vidas, la pintura es en sí la vida misma, les viene desde un lugar a donde no llega ni la muerte. A Chian Soutine lo empujó una oleada interna que jamás tuvo nada que ver con la academia, Bonnard llegó a retocar sus cuadros aun cuando ya colgaban de las paredes del Louvre, mucho cuidado entonces con confundir al arte con las instituciones que lo albergan o lo disciplinan. La pintura no necesita del museo o de la galería para consistir, es independiente del espacio que la alberga y aunque se nutre de ella, es independiente hasta de la cultura misma, porque es una pulsión.

F. O’C.
Enero de 2020

20 abr 2019

The Sheltering Sky

The Sheltering Sky
óleo y carbonilla sonre lienzo
150 x 110 cm - 2019


“Como no sabemos cuándo vamos a morir, llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todo sucede sólo un cierto número de veces, y no demasiadas. ¿En cuántas ocasiones te vendrá a la memoria aquella tarde de tu infancia, una tarde que ha marcado el resto de tu existencia? ¿Una tarde tan importante que ni siquiera puedes concebir tu vida sin ella? Quizás cuatro o cinco veces. Quizás ni siquiera eso. ¿Y cuántas veces más contemplarás la luna llena? Quizás veinte, y sin embargo todo parece ilimitado”.

Paul Bowles

30 jul 2018

Sobre las certezas en el arte



Borges mirando el reloj - lápiz sobre papel - 28 x 21 cm - 2018


"La verdad es que no tengo ninguna revelación que ofrecer. He pasado la vida leyendo, analizando, escribiendo (o intentándolo) y disfrutando. He descubierto que esto último es lo más importante. Embebido en la poesía, he llegado a una conclusión final sobre el asunto. Es verdad que, cada vez que me he enfrentado a la página en blanco, he sabido que debía volver a descubrir la literatura por mí mismo. Pero de nada me vale el pasado. Así que, como he dicho, sólo puedo ofrecerles mis perplejidades. Tengo cerca de setenta años. He dedicado la mayor parte de mi vida a la literatura, y sólo puedo ofrecerles dudas".


Jorge Luis Borges - "Arte Poética"

3 jul 2018

Franz Kafka

Franz Kafka - carbonilla sobre cartulina - 56 x 58 cm - 2015

«Toda la desdicha de mi vida —con lo que no quiero quejarme sino hacer una reflexión de interés general— viene, por así decir, de las cartas o de la posibilidad de escribirlas. Las personas no me han engañado prácticamente nunca, pero las cartas siempre, y además en este caso no las de otros, sino las mías. Es en mi caso una desdicha particular, de la que no quiero decir más, pero también, al mismo tiempo, general. La fácil posibilidad de escribir cartas tiene que haber traído al mundo —visto sólo teóricamente— un horrible trastorno de las almas. Es, en efecto, una relación con espectros, y no sólo con el espectro del destinatario, sino también con el propio espectro, que se le va formando a uno, sin darse cuenta, en la carta que escribe o incluso en una serie de cartas, en la que una carta confirma la otra y puede invocarla como testigo.
¡A quién se le habrá ocurrido pensar que la gente podía relacionarse por correspondencia! Se puede pensar en una persona lejana y se puede tocar a una persona cercana, todo lo demás supera las fuerzas humanas. Pero escribir cartas significa desnudarse delante de los espectros, cosa que ellos esperan ansiosos. Los besos escritos no llegan a su destino sino que los espectros se los beben por el camino. Con una alimentación tan sustanciosa se multiplican enormemente. La humanidad lo percibe y lucha contra ello; para eliminar en lo posible lo espectral entre los hombres, y lograr el contacto natural, la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano, pero ya no hay ayuda posible, son manifiestamente inventos hechos ya en el despeñadero; la parte contraria es mucho más serena y fuerte, ha inventado, después del correo, el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilos. Los fantasmas no morirán de hambre, pero nosotros nos iremos a pique».
Cartas a Milena
Franz Kafka.

3 de julio de 1883 - 3 de junio de 1924