30 abr. 2011

In Memoriam

Ernesto Sábato

1911 - 2011



“A veces volvía a ser piedra negra y entonces yo no sabía qué pasaba del otro lado, qué era de ella en esos intervalos anónimos, qué extraños sucesos acontecían; y hasta pensaba que en esos momentos su rostro cambiaba y que una mueca de burla lo deformaba y que quizá había risas cruzadas con otro y que toda la historia de los pasadizos era una ridícula invención o creencia mía y que en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Y en uno de esos trozos transparentes del muro de piedra yo había visto a esta muchacha y había creído ingenuamente que venía por otro túnel paralelo al mío, cuando en realidad pertenecía al ancho mundo, al mundo sin límites de los que no viven en túneles; y quizá se había acercado por curiosidad a una de mis extrañas ventanas y había entrevisto el espectáculo de mi insalvable soledad.”

Fragmento de El Túnel - 1948


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17 abr. 2011

Van Gogh y Gaugín

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En 1956 Kirk Douglas interpretó a Vincent Van Gogh en "Lust for life" dirigida por Vincent Minelli.
Con las disculpas del caso, pues el subtitulado fue hecho por mí mismo, ofrezco el siguiente fragmento de la memorable discusión entre Van Gogh y Paul Gaugín (éste último interpretado por el gran Anthony Quinn), sobre un dilema que atravesaría a todo el arte moderno.
Un par de minutos de antología.


"Lust for life" - 1956 - Dir. V. Minelli



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1 abr. 2011

Edouard Vuillard - 1868 - 1940


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Madre y hermana del artista - oleo sobre tela - 46,3 X 56,5 cm

  
Los otros guardan…el secreto de lo que yo soy.
J. P. Sartre


Pintar es básicamente un monólogo, sin embargo su singularidad esconde un contrasentido, y es que se da en términos de un diálogo, no con el espectador, quien la mayoría de las veces no pasa de ser un fenómeno aleatorio; el diálogo es con la pintura misma, o al menos con aquellos elementos del lenguaje pictórico que logran impactar en nuestra mirada con la suficiente carga como para movilizarnos a responder en el mismo idioma, entonces, uno pinta. La articulación de respuestas va construyendo el monólogo, el cual quizás impacte sobre la mirada de otro que a su vez articulará el suyo. De alguna manera este fenómeno da lugar a la construcción de algo así como un árbol genealógico, dado que a medida que el monólogo se desarrolla, uno puede ir identificando con nombre y apellido a aquellos discursos que antecedieron y movilizaron al propio. Calculo que no debe ser difícil adivinar por dónde va mi genealogía, pero más allá que haya un camino que me lleva directo hasta Altamira, todo árbol genealógico tiene alguna que otra rama caprichosa que de tanto en tanto llama la atención. Por estos días recalé en una rama que lleva el nombre de Edouard Vuillard; de la vida de este pintor sé poco y nada, o mejor dicho, lo poco que puede saberse no alcanza para sacar grandes conclusiones, de origen francés y amigo de Pierre Bonnard,  vivió una vida extraordinariamente reservada, siempre junto a su madre modista, alguna amante aquí y allá, cierto reconocimiento en sus últimos años, y ya, se esfuma en la nebulosa del tiempo sin mayor rescate que un puñado de obras.
Si uno repasa la globalidad de la obra de Vuillard, de inmediato advierte cierta sinuosidad en su estética, propio de quien ha tenido que ganarse el pan por un lado y despuntar su fervor por otro, por supuesto éste último grupo de obras son las que interesan; Vuillard logra fundir de tal modo a la figura con su entorno que no hay jerarquías entre una cosa y la otra, las figuras parecen incrustadas como manchas espumosas en ambientes enrarecidos, pero lo que siempre me atrajo es cierta recurrencia a un planteo compositivo más propio del lenguaje abstracto que del figurativo, se posiciona frente a la escena de tal modo que logra romper con la fascinación por la figura misma, encuentra amplitud en espacios cerrados y acorralamientos en las perspectivas, su punto de vista busca las direcciones como un recurso amplificador, u opresor según el caso, por consiguiente el plano sobre el que opera es el verdadero protagonista en su obra, se sirve de la realidad para convertirla en pintura pura.
Vuillard pues, ha sido uno de los interlocutores de los que se ha nutrido este monólogo que insisto en sostener y que quizás, no tenga otro objeto que comentar el de otros, que me anteceden y me acompañan.

F. O'C.


En el sofá o la habitación blanca - oleo sobre cartón - 32 x 38 cm.



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