20 oct. 2010

El artista urbano

.

En general, no puedo decir que Tom Wolfe sea un personaje de mi interés, pero rescato el siguiente párrafo de su libro “La palabra pintada”; una suerte de descripción del artista contemporáneo que pone a la luz un aspecto en general no muy observado y que sin embargo es mucho más frecuente de lo que a muchos artistas les gustaría reconocer; discutible por supuesto, pero muy revelador.
La traducción parece ser horrible, pero a falta del texto original vale la pena tolerar esta versión:

Descripción del artista urbano por Tom Wolfe

“El artista urbano siempre quiere estar a cuatro pasos de donde pasan las cosas, lo que acaba transformándole en un marginado.
Ambicioso, aspirante al éxito, tiene que dedicarse a los valores antiburgueses del cenáculo de turno, a la bohemia, la vida en Bloomsbury o en la orilla izquierda y no solo además, estar al tanto de las corrientes que van a imperar el próximo otoño, sino ser sincero al intentarlo.
Expectante ¿Todavía no se han enterado de que existo? y mientras esforzarse en pensar que lo único importante era su obra, en su fuero interno estar diciendo: ¡Quiero tener un Nombre, maldita sea!
Y finalmente ser el elegido. Cuando dos observadores del MOMA iban a recorrer los estudios de los pintores de Sant Mark´s Place se oía un rumor que recorría el barrio: ¡Llévame contigo, llévame contigo...!
Lo que obtiene el elegido es bastante obvio. Lo que Freud considera las ambiciones máximas del artista: fama, dinero y amantes hermosas.
El elegido seguirá ejerciendo de antiburgués, pero compensará al burgués que lo eligió con una moderna redención del Pecado de Opulencia. Por eso los coleccionistas de hoy en día no solo buscan la compañía de los artistas que patrocinan, sino que también quieren mezclarse en sus vidas, pagarles juergas y entrar en sus círculos.
Ahí el artista entra en la fase de Consumación y su apariencia lo delata.”



.

1 oct. 2010

Degas y el cuchillo de Manet

.

Edgar Degas “Monsieur and Madame Edouard Manet”


Pintado entre 1868 y 1869, Monsieur and Madame Edouard Manet, es una de las obras más interesantes de la producción de Edgar Degas, no sólo por la pintoresca anécdota que explica su condición final, sino por las consecuencias estéticas que esta misma historia acarreó.

Degas le relata lo siguiente a Ambroise Vollard sobre dicha pintura:
Vollard: ¿Quién fue el responsable de cortar esta pintura?
Degas: Parece increíble, pero Manet lo hizo. Él pensó que la figura de Madame Manet disminuía el efecto general, pero yo no, y voy a intentar pintarla de nuevo. Tuve un tremendo shock cuando la vi de este modo en su casa. Recogí la pintura y salí sin siquiera saludar. Cuando llegué a casa, tomé una pequeña naturaleza muerta que él me había dado y se la envié de regreso con una nota que decía: “Sr. le devuelvo sus ciruelas.”
Vollard: ¿Pero después Ud. se reconcilió con Manet verdad?
Degas: Oh, nadie puede estar mucho tiempo reñido con Manet. El problema es que pronto vendió las ciruelas. Ése pequeño lienzo era muy hermoso… (Pausa) Bien, como le decía, quiero volver a Madame Manet a la vida y darle de nuevo el retrato, pero lo he estado postergando, por eso lo ve tal como está. No creo que tenga tiempo para hacerlo por ahora.

Un gran trozo de lienzo crudo cubre la zona dañada, esa que Manet simplemente hizo desaparecer, creando por accidente una lectura muy distinta a la que seguramente tuviera la pintura completa, lo interesante es que tras el precario remiendo, la dinámica compositiva queda determinada por este nuevo plano de color crudo que es el lienzo adosado y que condiciona a toda la composición; en primer lugar, empuja a todas las direcciones por detrás de este plano vertical, es decir, arrastra a toda la escena a un segundo plano, luego, interrumpe su desarrollo volviéndola en algún sentido más profunda y misteriosa, por último, crea una de las primeras imágenes fragmentarias que obligan al espectador a reconstruir la imagen por sí mismo, por lo cual toda la concepción, tanto espacial como compositiva, es casi un ensayo de un fenómeno pictórico contemporáneo.
Hoy nuestra mirada reconstruye normalmente infinitas escenas a partir de imágenes fragmentarias, sin embargo, en aquella época, sospecho que ni siquiera un visionario como Degas tendría en claro semejante recurso, eso sí, hasta que a Manet se le ocurrió agarrar un cuchillito y dejar a su querida esposa fuera de la posteridad. No creo que debamos quedarnos con la idea de que el episodio se redujo a un simple desacuerdo académico y que Degas por falta de tiempo simplemente no corrigió, me aventuro a decir esto porque es ostensible que la obra en efecto encontró mejor destino tras el arrebato de Manet, ¿tenía razón Manet entonces? ¿o simplemente, el que tuvo razón fue Degas al no completarla? Se sabe que Manet era consciente de su propia talla, pero también es lícito pensar que cualquiera frente a Degas, incluido Manet, pensaría dos veces antes de discutirle una composición, por lo cual, hasta es legítimo sospechar que quizás este arrebato estaba más dirigido por conflictos personales que por una disputa de tono académico; como sea, y con perdón de la esposa de Manet, bienvenido sea el cuchillo del destino que abrió un camino de la manera más insospechada, recurriendo como siempre a esos sorprendentes e inesperados avatares del devenir.
F. O'C.



.