20 oct. 2010

El artista urbano

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En general, no puedo decir que Tom Wolfe sea un personaje de mi interés, pero rescato el siguiente párrafo de su libro “La palabra pintada”; una suerte de descripción del artista contemporáneo que pone a la luz un aspecto en general no muy observado y que sin embargo es mucho más frecuente de lo que a muchos artistas les gustaría reconocer; discutible por supuesto, pero muy revelador.
La traducción parece ser horrible, pero a falta del texto original vale la pena tolerar esta versión:

Descripción del artista urbano por Tom Wolfe

“El artista urbano siempre quiere estar a cuatro pasos de donde pasan las cosas, lo que acaba transformándole en un marginado.
Ambicioso, aspirante al éxito, tiene que dedicarse a los valores antiburgueses del cenáculo de turno, a la bohemia, la vida en Bloomsbury o en la orilla izquierda y no solo además, estar al tanto de las corrientes que van a imperar el próximo otoño, sino ser sincero al intentarlo.
Expectante ¿Todavía no se han enterado de que existo? y mientras esforzarse en pensar que lo único importante era su obra, en su fuero interno estar diciendo: ¡Quiero tener un Nombre, maldita sea!
Y finalmente ser el elegido. Cuando dos observadores del MOMA iban a recorrer los estudios de los pintores de Sant Mark´s Place se oía un rumor que recorría el barrio: ¡Llévame contigo, llévame contigo...!
Lo que obtiene el elegido es bastante obvio. Lo que Freud considera las ambiciones máximas del artista: fama, dinero y amantes hermosas.
El elegido seguirá ejerciendo de antiburgués, pero compensará al burgués que lo eligió con una moderna redención del Pecado de Opulencia. Por eso los coleccionistas de hoy en día no solo buscan la compañía de los artistas que patrocinan, sino que también quieren mezclarse en sus vidas, pagarles juergas y entrar en sus círculos.
Ahí el artista entra en la fase de Consumación y su apariencia lo delata.”



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