31 oct. 2014

Si los impresionistas hubieran sido dentistas

(Una farsa que explora la transposición de temperamentos)


Edouard Vuillard – PORTRAIT DU DR GEORGES VIAU DANS SON CABINET DENTAIRE

En su libro “Sin Plumas” Woody Allen escribe emulando a Vincent Van Gogh diez cartas a Theo absolutamente desopilantes, en la imaginación de Allen, Vincent y los demás impresionistas en realidad son dentistas. Aquí van tres de esas cartas.

(I)
Querido Theo:
¿Me tratará algunavez la vida con decoro? ¡La desesperación me abruma! ¡La cabeza me va a estallar! ¡La señora de Sol Schwimmer piensa demandarme porque le hice el puente tal como sentía y no a la medida de su ridícula boca! ¡No faltaría más! ¡Yo no puedo trabajar por encargo como un simple tendero! ¡Decidí que su puente tenía que ser enorme y ondulante, con dientes fieros, explosivos que refulgiesen en todas direcciones como llamaradas! ¡Y ella alterada porque no le cabe en la boca! ¡Es tan burguesa y estúpida, quisiera destrozarla! ¡Intenté encajar la prótesis como pude, pero le asomaba como una araña de cristal que se hubiese estrellado contra el suelo! A pesar de ello me parece hermoso. ¡Y ella se queja de que no puede masticar! ¡A mí qué me importa que pueda masticar o no! ¡Theo, no soportaré esto mucho tiempo! Le propuse a Cézanne que compartiese la consulta conmigo, pero está viejo y débil e incapaz de sostener el instrumental y hay que atárselo a las muñecas, pero le falta entonces precisión y en cuanto llega a la boca hace saltar más dientes de los que salva. ¿Qué puedo hacer?

Vincent


(II)
Querido Theo:
Toulouse-Lautreces el personaje más triste del mundo. Ansía más que nada ser un gran dentista,y tiene auténtico talento, pero es demasiado bajo como para alcanzar la boca de sus pacientes y demasiado orgulloso como para subirse encima de algo. Estirandolos brazos sobre su cabeza, busca a ciegas los labios, y ayer, en vez de ponerle fundas a las muelas de la señora Fitelson, le enfundó la barbilla. Entretanto mi viejo amigo Monet se niega a trabajar con bocas que no sean muy, muy grandes, y Seurat, que es muy puntilloso, ha perfeccionado un método para limpiar los dientes de uno en uno hasta conseguir lo que él llama “una boca completa, pura”. Hay una solidez arquitectónica en ello, pero ¿se le puede llamar odontología?

Vincent


(III)
Querido Theo:
Estoy enamorado. Clara Memling vino la semana pasada para que le hiciera una profilaxis bucal.(Le envié una tarjeta para advertirle de que habían pasado seis meses desde laúltima limpieza, aunque sólo eran cuatro días.) ¡Theo, me enloquece! ¡El deseo me posee! ¡Su mordedura! ¡Nunca he visto una mordedura semejante! ¡Sus dientes encajan de un modo perfecto! ¡No como los de la señora Itkin, cuya mandíbula inferior sobresale tres centímetros con relación a la superior, lo cual la hace parecer un licántropo! ¡No! ¡Los dientes de Clara al cerrarse se engarzan! ¡Ycuando esto sucede comprendes que hay un Dios! Y sin embargo no es demasiado perfecta. No es tan impecable que acaba por resultar sosa. Hay un vacío entre sus muelas inferiores novenas y undécima. La décima la perdió durante la adolescencia. De repente y sin aviso previo se le picó. Le fue extirpada concierta facilidad (de hecho se le cayó mientras hablaba) y nunca se le puso otra postiza. “Nada puede reemplazar una décima muela” me confió. “Era más que una muela, había sido toda mi vida hasta aquel momento” Mientras se hacía mujer raras veces se volvió a mencionar la muela. Y creo que estaba más que deseosa de hablar de ella conmigo porque tiene confianza en mí. Oh, Theo, la amo. Estaba hoy observando el interior de su boca y me sentía otra vez un nervioso e inmaduro estudiante de odontología, que maneja con torpeza espejos y compresas. Luego la rodeé con mis brazos, para enseñarle a cepillarse los dientes correctamente. La adorable tontuela estaba acostumbrada a sostener el cepillo inmóvil y menear la cabeza de un lado para otro. El próximo jueves le daré cloroformo y le pediré que se case conmigo.

Vincent