8 abr. 2010

Muybridge - 1999

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De la serie realizada en el año 1999 sobre la obra del fotógrafo E. Muybridge. Expuesta el mismo año en Galería VYP. Bs. As.



Secuestro - oleo sobre tela - 153,5 X 155 cm

“Temo que no se comprenda bien lo que yo entiendo por salida. Empleo la palabra en su sentido más cabal y más común. Intencionadamente no digo libertad. No hablo de esa gran sensación de libertad hacia todos los ámbitos [...]. Con la libertad -y esto lo digo al pasar- uno se engaña demasiado entre los hombres, ya que si el de libertad es uno de los sentimientos más sublimes, así también son de sublimes los correspondientes engaños.”
Franz Kafka - Informe para una academia.

1887, Eadweard Muybridge publica su trabajo sobre las figuras en movimiento encargado y subvencionado por la Universidad de Pennsylvania, bajo la supervisión de una comisión integrada por doctores en Medicina y especialistas en Bellas Artes; una nueva estética era lanzada a los ojos de la humanidad, lógicamente no sin consecuencias. Los primeros en acusar recibo de este hecho, fueron los impresionistas a fines del siglo pasado; durante el nuestro, bastaría con nombrar a Francis Bacon para tomar una idea del alcance que estas fotografías tuvieron en el desarrollo del arte contemporáneo. Cuando se observa la inmensa cantidad de imágenes que este fotógrafo ha producido (la modesta edición con la que cuento, contiene nada menos que 4700 tomas), no se puede dejar de experimentar una infinidad de sensaciones que moverían al trabajo a cualquier artista, pero quisiera concentrarme sólo en dos de estas sensaciones, que fueron las que dieros lugar a esta serie. En primer lugar están las figuras en sí, muchas de las cuales albergan no solamente todo el encanto de una época, sino también cierto misterio luminoso y anatómico más propio del arte pictórico que del fotográfico; el carácter secuencial de las fotografías permite un recorrido visual que obligadamente tiende a detenerse en alguna toma en particular, una luz, una sombra, una pose o un despliegue compositivo de la anatomía que no sólo nos hacen reflexionar acerca de la belleza, sino también sobre la cercanía que tienen con el arte de los grandes maestros: ciertas figuras parecen definitivamente extraídas de una pintura de Caravaggio o Velázquez, quizás por esa luminosidad contrastada y al mismo tiempo cierto intimismo que las envuelve. En segundo lugar tenemos el cuadriculado del fondo, una red de líneas tendidas vertical y horizontalmente cada 5 cm, resaltadas cada 10 líneas, por lo general blancas sobre un fondo negro; este sempiterno cuadriculado que registra el más mínimo desplazamiento en las figuras de una toma a la otra, no está interesado en la belleza, sino en la naturaleza en sí del movimiento, en sus variantes, sus posibilidades, sus ínfimos matices, es el contexto científico para el estudio concienzudo de la anatomía humana según códigos establecidos a su fin, por una ciencia deseosa de apoderarse de la naturaleza de la movilidad y sus secretos; una enorme fracción de la naturaleza humana hubo de caer para siempre en las redes de la mirada cientificista de nuestra era. Vale aclarar que la razón por la cual se le encarga a Muybridge semejante estudio está en la necesidad de analizar las consecuencias que el movimiento, tanto natural como forzado, tiene sobre el cuerpo. Las tareas domésticas, actividades deportivas o cualquier otra actividad, pero sobre todo el trabajo, son acciones que afectan al cuerpo, y el cuerpo es la principal herramienta de una sociedad decidida a expandirse en todas direcciones. Una fenomenal lectura sobre la evolución de nuestros sistemas sociales aparece en un libro del pensador contemporáneo Michel Foucault, “La verdad y las formas jurídicas” en cuya quinta conferencia elabora una tesis sobre lo que él denomina Sistema Panóptico (capaz de una visión panorámica total): el origen de dicho sistema capaz de una super observación de la actividad humana lo encuentra alrededor del siglo XVIII, pero sus formas actuales no son más que los compuestos o derivados por instituciones “tales como las escuelas, los hospitales psiquiátricos, los reformatorios, las prisiones[...], la ciudad obrera, la caja de ahorros o la cooperativa de asistencia”. En nuestra época, según Foucault, todas estas instituciones no tienen por finalidad excluir sino por el contrario fijar a los individuos, “La fábrica no excluye a los individuos, los liga a un aparato de producción. La escuela no excluye a los individuos, aun cuando los encierra, los fija a un aparato de transmisión del saber. El hospital psiquiátrico no excluye a los individuos, los vincula a un aparato de corrección y normalización. Y lo mismo ocurre con el reformatorio y la prisión. Si bien los efectos de estas instituciones son la exclusión del individuo, su finalidad primera es fijarlos a un aparato de normalización de los hombres; ligando al individuo al proceso de producción, formación o corrección [...]. He aquí por qué opondré la reclusión al secuestro; la reclusión del siglo XVIII, dirigida esencialmente a excluir a los marginales o reforzar la marginalidad, y el secuestro del siglo XIX cuya finalidad es la inclusión y la normalización. [...]. Estado y aquello que no es estatal se confunden, se entrecruzan dentro de estas instituciones. Más que instituciones estatales o no estatales habría que hablar de red institucional de secuestro, que es infraestatal[...]; red de secuestro dentro de la cual está encerrada nuestra existencia.” Sigamos con Foucault: “La primera función de estas instituciones de secuestro es la explotación de la totalidad del tiempo. Podría mostrarse, igualmente, cómo el mecanismo del consumo y la publicidad ejercen este control general del tiempo en los países desarrollados. ”La segunda función de las instituciones de secuestro no consiste ya en controlar el tiempo de los individuos sino, simplemente, sus cuerpos [...]. En el siglo XIX el cuerpo adquiere una significación totalmente diferente y deja de ser aquello que debe ser atormentado para convertirse en algo que ha de ser formado, reformado, corregido, en un cuerpo que debe adquirir aptitudes, recibir ciertas cualidades, calificarse como cuerpo capaz de trabajar”. Huelga decir que esto no es desde ya, un mero telón de fondo con líneas verticales y horizontales, sino un verdadero sistema de redes que nos fija a su estructura mediante las instituciones que la componen. Probablemente y sin saberlo Eadweard Muybridge contribuyó con su trabajo al necesario estudio de una anatomía que habría de investigarse más profusamente durante el siglo XX, y en sus rudimentarios recursos de observación del cuerpo no sólo nos pone en evidencia por vez primera esta franca necesidad de abordar su anatomía, sino que además, no deja de hacerlo sin su cuadriculado de fondo, inocente metáfora y a la vez flagrante testimonio de esa red en la cual el cuerpo quedaría definitivamente atrapado.

Fernando O’Connor
Junio de 1999.







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